Ecuador no pudo con Curazao y quedó al borde del abismo: se juega la vida en el Mundial ante Alemania
Tras el golpazo del debut ante Costa de Marfil, Ecuador sabía que se jugaba una final anticipada. La Tri necesitaba un triunfo para no comprometer su estadía en la Copa del Mundo. El plan era lógico: un triunfo lo acomodaba en el tercer puesto del Grupo E con tres porotos (mismo puntaje que los africanos) para ir a todo o nada en la última fecha contra Alemania. Pero en el fútbol, los goles se hacen, no se merecen.
Fiel a su estilo, Sebastián Beccacece pateó el tablero de entrada: plantó línea de tres ( Piero Hincapié, William Pacho y Alan Franco) con Pervis Estupiñán y John Yeboah bien altos, como carrileros punzantes. En el medio, el tridente Pedro Vite, Jordy Alcívar y Mois
Ese arranque fue el tráiler de lo que sería el resto de la película: Ecuador dueño absoluto de la pelota y el territorio, acorralando a un Curazao que esperaba agazapado, colgándose del travesaño y rezando por una contra milagrosa.
Las estadísticas del primer tiempo eximen de mayores comentarios: un monólogo de la Tri con el 75% de la posesión. ¿El problema? La falta de puntería en los metros finales. De los ocho remates ecuatorianos, seis fueron directo al arco, pero chocaron sistemáticamente contra las manos de Room. El equipo de Becca hizo todos los méritos para romper el cero, pero se fue al descanso con una frustración gigante.
Rápido de reflejos, el DT argentino metió mano para el complemento: afuera Alcívar (le sobraba un volante de contención) y a la cancha a Kevin Rodríguez para meterle más picante y peso al ataque.
A los 13 minutos de la segunda mitad llegó el grito atragantado: centro milimétrico de Hincapié, frentazo furioso de Gonzalo Plata y una respuesta descomunal de Room sobre la misma línea de sentencia. De inmediato, el partido se hizo de ida y vuelta y Curazao contestó con dos contras letales que Galíndez salvó milagrosamente con dos tapadas de nivel top.
A partir de ahí, el área de Curazao se convirtió en una película de terror para Ecuador. Los milagros se mudaron a Centroamérica: un Room totalmente endemoniado le sacó pelotas imposibles a Valencia, a Plata, a Rodríguez y a cuanto futbolista vistiera la camiseta amarilla.
A pesar de quemar las naves y empujar con más orgullo que juego, Ecuador no pudo romper el maleficio. Curazao resistió con el arco invicto, selló un 0-0 histórico y le amargó la Copa del Mundo a un Ecuador que ahora quedó en terapia intensiva.
és Caicedo, dejando arriba el talento de Gonzalo Plata y el olfato del eterno Enner Valencia. ¿En el arco? Candado total con el argentino nacionalizado Hernán Galíndez.
La chapa del partido se pudo romper a los 120 segundos. Pelotazo quirúrgico a la espalda de la pobladísima línea de cinco caribeña y Enner Valencia quedó mano a mano para inflar la red. Sin embargo, el goleador definió mordido y Eloy Room —que se terminaría vistiendo de héroe— le adivinó la intención
A partir de ahí, el área de Curazao se convirtió en una película de terror para Ecuador. Los milagros se mudaron a Centroamérica: un Room totalmente endemoniado le sacó pelotas imposibles a Valencia, a Plata, a Rodríguez y a cuanto futbolista vistiera la camiseta amarilla.
A pesar de quemar las naves y empujar con más orgullo que juego, Ecuador no pudo romper el maleficio. Curazao resistió con el arco invicto, selló un 0-0 histórico y le amargó la Copa del Mundo a un Ecuador que ahora quedó en terapia intensiva
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