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VARIEDADES 05 Diciembre, 2025

Monseñor Joaquín Robledo tuvo a su cargo la celebración matinal en Caacupé

A continuación les presentamos la homilía del Monseñor Joaquín Robledo, Obispo de la Diócesis de San Lorenzo en el octavo día de la novena en honor a la Virgen de Caacupé.
Monseñor Joaquín Robledo tuvo a su cargo la celebración matinal en Caacupé
Foto: Gentileza / Archivo
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EL BIEN COMÚN Año 2026

“DENLES USTEDES MISMOS DE COMER” (Mt 14, 16)
8o DÍA DE LA NOVENA a la Virgen de Caacupé

HOMILIA DE MONSEÑOR JOAQUÍN ROBLEDO, OBISPO DE SAN

LORENZO

Tema: Comprometerse en la vida comunitaria
“Está bien, servidor bueno y fiel”
Rm 12, 3-13. Sal 14, 2-5. Mt 25, 14-30

Hermanos y hermanas en Cristo:
Como peregrinos de esperanza hemos venido junto a nuestra madre para venerarla, para darle
gracias por el amor que nos tiene, por su compañía y también hemos venido a pedirle su
intercesión.
El tema de este día es Comprometerse en la vida comunitaria.
El apóstol Pablo exhorta a los cristianos de Roma a que tengan una justa valoración de sí
mismos “según la medida de la fe que Dios ha otorgado a cada cual” (Rom 12,3). Utiliza una
comparación con el cuerpo humano; Pablo compara la función de los distintos órganos del
cuerpo humano con la diversidad de dones y carismas con que Dios enriquece a la
comunidad, la cual forma un solo cuerpo. Así, aunque son muchos, cumplen funciones
distintas y forman una unidad entre todos (Rm 12, 4-6). Cita algunos ministerios como la
enseñanza, la exhortación, la profecía.
El Apóstol señala las actitudes que deben caracterizar la conducta cristiana: sencillez,
solicitud, misericordia, jovialidad, caridad auténtica, detestando el mal y adhiriéndose al
bien, amor recíproco, estima, diligencia, servicio con espíritu fervoroso. Una nota
característica es la “alegría en la esperanza” que se comparte, perseverantes en la tribulación,
sin decaer jamás, firmes en la oración. En todo momento, el creyente deberá compartir las
necesidades de los santos y practicar la hospitalidad (Rm 12, 8-13). Lo que indica Pablo es
que la actividad y el discernimiento de los cristianos se extiende a la vida pública y sí, a la
política, para decir cómo pueden los bautizados vivir su plena ciudadanía civil allí donde
estén.
Cuando Pablo insiste en la humildad, en la paciencia y en la acogida es porque así se ha
mostrado Cristo, que ha dado un ejemplo extremo de abajamiento. Los cristianos deberán
hacer lo mismo con los demás. Su conducta se basa no en normas externas sino en la
experiencia de un amor recibido hasta el extremo.
El Evangelio nos presenta la parábola de los talentos. Nos presenta el tema de la vigilancia y
de la perseverancia; es la actitud que debe caracterizar a los creyentes en la espera del Hijo
del hombre. El patrón va de viaje y confía sus bienes a sus siervos. El patrón da al primero
cinco talentos, al segundo dos, y al tercero uno. La cantidad de la suma confiada está en
relación con la capacidad de cada uno. El patrón dio una responsabilidad a cada uno de sus
siervos. Los dos primeros se empeñaron y duplicaron la suma inicial. El tercero ocultó el
talento en la tierra.
La venida del patrón constituye el momento del discernimiento. Los dos primeros son
alabados por el patrón con estas palabras: “siervo bueno y fiel”. Los dos primeros fueron
fieles y reciben ya una mayor responsabilidad y la invitación de entrar en el gozo de su señor,
que es sinónimo de la comunión con él. El tercer empleado enterró su talento y no produjo
nada. No hizo nada malo, tampoco nada bueno. Es el pecado de omisión. Dios nos conoce y
a cada uno nos reparte sus dones; nos pide dedicación temporal y disponibilidad para el
servicio. Dios nos ha dado dones para para comprometernos con la comunidad, para construir
la justicia y la fraternidad.

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El Evangelio nos llama a comprometernos en la vida comunitaria. Todos estamos llamados
a comprometernos y a construir la comunidad y la fraternidad entre nosotros; una comunidad
basada en la verdad y en el amor porque somos imagen y semejanza de Dios.
Como persona humana necesitamos vivir en comunidad y comprometernos con ella. Los
talentos que hemos recibido enriquecen nuestra identidad, y nos permiten dialogar y vivir la
reciprocidad en los servicios. Cada uno tiene deberes con la comunidad que deben estar
orientados al bien común. Comprometerse supone y exige la práctica de la justicia; significa
amar a Dios y al prójimo. Comprometerse en la vida comunitaria significa respetar la
dignidad humana.
Para vivir este compromiso en la vida de la comunidad necesitamos de la ayuda de la gracia,
de la vida del Señor Jesús. El Catecismo de la Iglesia Católica dice: “Es el camino de la
caridad, es decir, del amor de Dios y del prójimo. La caridad representa el mayor
mandamiento social. Respeta al otro y sus derechos. Exige la práctica de la justicia y es la
única que nos hace capaces de ésta” (Catecismo de la Iglesia Católica no 1889).
Comprometerse en la vida comunitaria significa en primer lugar respetar a la persona, sus
derechos, su dignidad. En la vida comunitaria tenemos esta responsabilidad, más aún las
autoridades frente la inseguridad, el tráfico y consumo de las drogas, los secuestros ocurridos
en años pasados, los nombres de los desaparecidos Edelio Benítez, Óscar Denis, Félix
Urbieta, la niña Yuyú (Juliette), la falta del esclarecimiento de la muerte de Marcelo Pecci.
Es también vital el respeto y protección a la vida, aún la oculta en el seno materno, y la lucha
contra la corrupción que desangra los recursos destinados a los más pobres. Hemos de
respetar siempre la vida porque la vida es sagrada.
El Catecismo de la Iglesia Católica señala en segundo lugar: el bienestar social y el desarrollo
de la comunidad. Corresponde a la autoridad decidir en nombre del bien común, entre los
distintos intereses facilitando lo que se necesita para llevar una vida verdaderamente humana:
alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, derecho a fundar una familia, etc.
(Vaticano II, GS 26). Esto nos urge a exigir a nuestras autoridades una gestión transparente
y efectiva para superar la inequidad y la pobreza que aún golpean a miles de familias
paraguayas, especialmente en el campo y en los cinturones de las grandes ciudades, y a
proveer servicios básicos de calidad para todos.
Comprometerse con la vida comunitaria desde la óptica del bien común implica la paz, la
estabilidad y la seguridad del orden justo. Supone que la autoridad asegura, por medios
honestos, la seguridad de la sociedad y de sus miembros. Esto incluye garantizar la seguridad
jurídica, la lucha frontal contra el crimen organizado que busca infiltrarse en las instituciones,
y la necesidad de una justicia independiente, imparcial y sin privilegios, que es la base de
toda paz social.
Que la Fiesta de la Virgen de los Milagros de Caacupé nos motive y nos comprometa en la
vida comunitaria. Recordemos que el bien común no es tarea exclusiva de las autoridades,
sino un desafío y una responsabilidad de todos y cada uno de los paraguayos, según nuestras
posibilidades y posición social (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1914).
La construcción de este bien común nos exige ir más allá de nuestro beneficio individual y
pensar en la solidaridad intergeneracional. Recordando las palabras del Papa Francisco, la
noción del bien común se extiende también a las generaciones futuras. No podemos hablar
de desarrollo sostenible en nuestro Paraguay sin considerar el mundo que dejaremos a
nuestros hijos y nietos. Participemos con responsabilidad, con la convicción de que solo
juntos podemos edificar un Paraguay basado en la verdad, la justicia y el amor, dejando un
legado digno para quienes nos sucederán.
¡El bien común es el fruto de la fe vivida en comunidad!

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