Monseñor Claudio Giménez apela a recuperar los valores en la familia durante misa de Caacupé
El obispo emérito de la Diócesis de Caacupé se enfocó esta jornada su homilía en los problemas cada vez más visibles, como el miedo, la inseguridad, las adicciones y la pérdida de valores en la convivencia.
Los abordó desde la perspectiva católica, sobre los frutos del Espíritu Santo, al que la Iglesia conmemora en esta Solemnidad de Pentecostés.
“Tenemos motivo de sobra muchas veces en la vida”, expresó el religioso al hablar sobre las preocupaciones que afectan actualmente a la ciudadanía. “La inseguridad crea el miedo”, agregó, al recordar que muchas personas viven en constante incertidumbre ante distintas situaciones de la sociedad.
La reflexión de monseñor Claudio Giménez también apuntó a las tensiones dentro de los hogares y espacios laborales por la falta de espiritualidad.
Señaló que la paciencia, por ejemplo, se volvió una necesidad urgente en tiempos marcados por el estrés y las dificultades económicas. “Es un regalo del Espíritu Santo”, reforzó, mencionando situaciones cotidianas que involucran a padres, madres, docentes y trabajadores.
Otro punto abordado fueron las adicciones y la necesidad de recurrir a tiempo al Espíritu Santo para no caer en la tentación.
“Hay que saber adelantarse y pedirle a Él que nos dé ese dominio de sí mismo”, sostuvo, al referirse a problemas vinculados al alcohol, las drogas y otras situaciones que afectan principalmente a sectores vulnerables.
Durante la homilía de la misa central de Caacupé también hubo espacio para reflexionar sobre actitudes que deterioran las relaciones humanas.
El orgullo, la intolerancia y la dificultad para reconocer errores fueron mencionados como obstáculos para una convivencia más sana. “Somos débiles, somos pecadores y necesitados también de los demás”, expresó monseñor Claudio Giménez.
El mensaje de esta ceremonia litúrgica además puso énfasis en el papel que cumplen las familias en la formación de valores. “El ejemplo, el testimonio es fundamental”, remarcó el obispo emérito, al recordar la influencia que tienen padres y madres en la construcción de conductas y hábitos.
En medio de una realidad marcada por tensiones y desafíos cotidianos, la celebración de Pentecostés dejó un llamado a fortalecer valores como la paciencia, la humildad y la solidaridad. “El amor” recordó monseñor Giménez, “es uno de los frutos más grandes del Espíritu Santo”.
