Infecciones por bacterias ponen en jaque el uso de antibióticos
En particular, preocupa el crecimiento acelerado de las enterobacterias resistentes a carbapenémicos (CRE) que producen la enzima metalo-β-lactamasa de Nueva Delhi (NDM), un mecanismo que vuelve inútiles a los antibióticos carbapenémicos, considerados de último recurso.
Según la agencia federal, estas bacterias representan una amenaza creciente para la salud pública porque limitan de forma drástica las posibilidades de tratamiento. “Este aumento abrupto en NDM-CRE significa que enfrentamos una amenaza creciente que restringe nuestra capacidad de tratar algunas de las infecciones bacterianas más graves”, advirtió Danielle Rankinla, epidemióloga de la División de promoción de la calidad de la atención de los CDC.
Un cambio de tendencia alarmante
Un análisis publicado en la revista Annals of Internal Medicine, basado en datos de la Red de Laboratorios de Resistencia a los Antimicrobianos de los CDC, confirmó un cambio de escenario tras años de relativa estabilidad. Entre 2019 y 2023 las infecciones por CRE productores de carbapenemasas (CP-CRE) crecieron de forma drástica en 29 estados. Dentro de este grupo, los casos vinculados a NDM-CRE aumentaron más de un 460 %, multiplicando por cinco su incidencia, mientras que las infecciones asociadas a carbapenemasas OXA-48-like también se incrementaron, aunque en menor medida.
Históricamente, la carbapenemasa de Klebsiella pneumoniae (KPC) había sido la más común en EE. UU., lo que permitía al menos contar con combinaciones antibióticas eficaces frente a KPC. Sin embargo, la rápida expansión de NDM cambia las reglas del juego: las opciones de tratamiento son muy limitadas y, en muchos casos, obligan a recurrir a terapias menos eficaces o más tóxicas, con mayor riesgo de mortalidad.
Los datos preliminares de 2024 confirman que la incidencia de NDM-CRE se mantiene en niveles récord y podría incluso estar en ascenso, lo que consolida la percepción de un “punto de inflexión” en la lucha contra estas bacterias.
Impacto clínico y sanitario
Las infecciones asociadas a NDM-CRE incluyen neumonía, sepsis, infecciones urinarias y de heridas, todas con potencial de propagación en hospitales y centros de salud. Su detección es difícil: muchos laboratorios clínicos carecen de la capacidad para identificar rápidamente el tipo de carbapenemasa presente, lo que retrasa el tratamiento y aumenta el riesgo de transmisión dentro de hospitales y hacia la comunidad.
Los CDC insisten en que “seleccionar el tratamiento correcto nunca ha sido más complicado” y que los profesionales necesitan acceso a pruebas de detección específicas. Además, advierten que la propagación de NDM-CRE podría estar vinculada a fallas en el control de infecciones, como higiene de manos insuficiente, limpieza inadecuada o limitaciones en los sistemas de pruebas.
En 2020, el propio organismo reportó que las infecciones por CRE fueron unas 12.700 y causaron alrededor de 1.100 muertes en el país, cifras que podrían agravarse con la expansión de NDM.
Recomendaciones y medidas de control
Los CDC recomiendan a los hospitales:
- Verificar que sus laboratorios puedan detectar genes de carbapenemasa, o derivar muestras a laboratorios de referencia.
- Coordinarse con programas estatales y locales de resistencia antimicrobiana para comprender mejor los patrones de propagación.
- Implementar medidas estrictas de prevención y control, como aislamiento de pacientes, uso riguroso de equipos de protección y vigilancia activa.
La enzima NDM fue identificada por primera vez en 2008 en un paciente tratado en India y hospitalizado en Suecia. Desde entonces, se diseminó por Asia Meridional, Oriente Medio, Europa, África y América Latina. Su aparición y consolidación en EE. UU. refleja el impacto de la globalización, los viajes internacionales y la movilidad de pacientes.
“Estamos ante un recordatorio contundente de que la resistencia antimicrobiana no es un problema del pasado ni un asunto lejano, sino una amenaza creciente que requiere vigilancia continua, prevención activa y colaboración internacional”, subrayan los investigadores.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya catalogó a las CRE como una prioridad crítica en la lista de patógenos que requieren nuevos antibióticos. El reciente aumento en Estados Unidos refuerza esta llamada global y plantea la urgencia de invertir en investigación, desarrollar nuevas terapias y garantizar un uso racional de los antibióticos disponibles.
