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Foto: Gentileza / Archivo
Crisis de representación y profesionalización
El debate sobre la administración de los recursos locales y la conformación de los órganos legislativos municipales suele chocar contra una misma pared: la marcada brecha entre el diseño institucional de los cargos y la realidad de su ejercicio político. Lejos de actuar como un espacio de contrapeso técnico y de formulación de políticas públicas urbanas, la concejalía atraviesa un severo proceso de degradación estructural.
1. La degradación del incentivo político
La captación del cargo de concejal responde, en un porcentaje alarmante, a una lógica de ingresos económicos e influencia social más que a un compromiso de gestión.
Incentivo salarial sin exigencia de idoneidad: La asignación presupuestaria asignada a las dietas contrasta profundamente con la escasa exigencia de preparación técnica en materia de administración financiera, derecho municipal o legislación urbana.
Reducción de la carga pública: La rutina de limitar la presencia institucional al día de la sesión ordinaria desvirtúa el espíritu de la representación. La verdadera tarea legislativa —el análisis de comisiones, el dictamen de ordenanzas, la audiencia con los sectores vecinales y la fiscalización del Ejecutivo— queda relegada o sencillamente anulada.
2. La desarticulación de la función constitucional
El desconocimiento o la evasión deliberada de las funciones asignadas por la ley orgánica municipal genera dos desviaciones recurrentes en el comportamiento de los representantes:
El perfil asistencialista: Ante la incapacidad o desinterés de ejercer el control presupuestario y la legislación, el legislador local asume un rol de gestor de favores individuales para mantener su caudal electoral, prometiendo soluciones que competen exclusivamente al Poder Ejecutivo.
La escribanía de gobierno: La bancada oficialista suele transformarse en un órgano de aprobación automática de los proyectos del Intendente, mientras que la oposición se limita al bloqueo coyuntural. En ambos casos, el análisis técnico del presupuesto y la rendición de cuentas pasan a segundo plano.
3. El impacto del nuevo escenario electoral
El paso al sistema de voto preferencial y listas desbloqueadas expuso con mayor claridad esta crisis. Aunque el ciudadano cuenta ahora con la posibilidad de elegir directamente a la persona, la respuesta de muchos candidatos no ha sido la elevación del debate técnico, sino el despliegue de campañas centradas en el marketing de imagen, la presencia en redes y la búsqueda del voto personalizado sin un programa de trabajo verificable.
En Conclusión
La crisis de representación y profesionalización no se resuelve únicamente con el cambio de las reglas de votación, sino con una ciudadanía exigente que fiscalice el trabajo en comisiones, la asistencia real y la capacidad de debate de sus autoridades. Mientras la concejalía continúe siendo percibida como una renta personal de baja exigencia laboral, los municipios seguirán pagando el costo de una gestión débil, pasiva y desconectada de las necesidades de la comunidad.
Profesor Rosalino Gimenez
