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Alarma participación de altos jefes militares en actividades criminales

En la dictadura se repartían el control de las actividades ilícitas. En democracia, amparados por la falta de control e impunidad, operan a gran escala con distintos grupos del crimen organizado.

2023-12-10 14:07:39 PM
Alarma participación de altos jefes militares en actividades criminales

El involucramiento directo de militares de alto rango en actividades vinculadas a actividades ilícitas y, en particular, del crimen organizado transnacional, enciende la alarma respecto a la falta de control y la impunidad en que se desenvuelve el sector castrense.

La semana última cayó detenido un condecorado ex comandante de la Fuerza Aérea Paraguaya, el general Arturo Javier González Ocampo, envuelto en un esquema de tráfico de armas, en el que, su papel, según primeros datos, consistía en proveer de contactos políticos y favores a la organización.

También el ex director de la Dirección Nacional de Material Bélico (Dimabel), el general Jorge Antonio Orué Roa. La institución a cargo de los militares funcionaba como brazo principal dentro de la organización criminal de tráfico internacional de armas, que tiene como cabeza de operaciones a la importadora International Auto Supply SA, descubierta en el Operativo Dakovo.

Caso Tío Rico.

Para dimensionar los niveles de participación y el grado de penetración del crimen organizado en las Fuerzas Armadas, basta recordar que en mayo pasado el coronel Luis María Belotto, miembro del Comando de las Fuerzas Armadas y el Estado Mayor, habría ofrecido en varias oportunidades al personal militar encargado de la seguridad de Penal Militar de Viñas Cué dinero en efectivo y otros beneficios a cambio de permitir la entrega de un teléfono celular al recluso Miguel Insfrán, alias Tío Rico, imputado por los hechos de tráfico internacional de drogas, asociación criminal y comercialización ilícita de sustancias y vinculado al narcotraficante uruguayo prófugo, Sebastián Marset. Es considerado uno de los autores morales del crimen del fiscal Marcelo Pecci (Colombia).

El espectro de actividades ilícitas y de corrupción protagonizados por miembros de FFAA, en actividad o retirados, es amplio.

Contrabando.

En el 2019, el director del Departamento Técnico Aduanero de Vigilancia Especializada (Detave), general (R) Ramón Benítez, había sido detenido en su vivienda luego de recibir aproximadamente USD 2.500, parte de las coimas cobradas a los contrabandistas para proteger las cargas ilícitas.

El año pasado, el comandante de la Armada Paraguaya, almirante Carlos Velázquez, había sido señalado por productores hortícolas de apañar el contrabando. La Armada siempre ha estado en la mira por hacer la vista gorda ante todo tipo de tráfico ilícito que circula por la hidrovía.

Carlos Peris, sociólogo e investigador, dice que históricamente, jerarcas militares y oficiales del ejército han estado involucrados en diversas ilegalidades en Paraguay.

Durante las décadas de 1960 a 1990, hay registros periodísticos y judiciales de representantes de las fuerzas armadas que estuvieron involucrados en el narcotráfico y contrabando.

“Hay un largo historial de ilegalidades. Desde 1950 se tienen registros, principalmente en medios extranjeros, de que los militares estuvieron involucrados en el tráfico de tabaco, bebidas alcohólicas e incluso cocaína

El control en aquellas épocas era casi imposible, ya que ellos mismos demostraban tener el poder”, dice. Hoy, con unas FFAA muy marginales en la estructura operativa del Estado, el olvido les dio cierta impunidad para llevar a cabo sus ilegalidades desde las sombras.

Stablishment.

EL coronel (R) Édgar Duré, afirma que en la época del general Alfredo Stroessner (dictador, 1954-1989), existían otros tipos de actividades ilícitas y el propio “stablishment” local, daba “permiso” a sus privilegiados para manejar los negocios ilícitos.

Hoy existen verdaderas organizaciones con una estructura más fuerte que el propio Estado y con poder fáctico para torcer voluntades por las buenas y por las malas, incluyendo dentro del ámbito castrense.

Para el abogado y docente, Jorge Rolón Luna, en un país con corrupción estructural, no puede sorprender lo que sucede con las FFAA, cuya historia con los negocios paralelos y las conductas ilícitas viene de la época de la dictadura.

“El protagonismo de las FFAA había pasado a segundo plano con el fin del oviedismo”, dice. Pero los hechos que están saliendo a la luz pública pueden deberse a un nuevo protagonismo de la institución, que retoma con el cambio de la ley de Defensa y Seguridad Interna en 2013.

 “Control debe darse dentro de las Fuerzas”

El control, en la actual coyuntura, debería darse dentro de las Fuerzas, principalmente con medidas de contrainteligencia que puedan desactivar operaciones clandestinas y apartar a oficiales corruptos.

No se tienen registros de que desde el Ministerio de Defensa existan sistemas de control de la corrupción. Si existen, como la corrupción es endémica, carecen de efectividad para llevar a cabo las investigaciones.

Lo importante es lo que sucede en todas las fuerzas, cada cierto tiempo: Una profunda purga y luego medidas de contrainteligencia que mantengan a los oficiales dentro de ciertos parámetros de control interno y en la legalidad.

Carlos Peris, investigador.

“Hay corrupción porque el sistema permite”

Las instituciones de control existen, pero así como creo que nuestra Constitución Nacional contiene todas las normas necesarias, lo mismo las instituciones de control.

Pero no funcionan, no se cumplen las leyes. Existe corrupción porque el sistema lo permite.

La violencia política está parcelada por organizaciones fácticas que imponen su ley en diferentes escenarios, no solo territorios.

El tráfico de armas está protegido por redes internacionales que tienen sus ramificaciones en los países de origen, de tránsito y receptores. Opera con delitos conexos y tiene la protección de presidentes, congresistas, militares, policías y la justicia.

Édgar Duré, activista militar (R).

Más poder, más posibilidad de corromperse

El poder militar debe estar subordinado al poder civil. Me parece negativo nombrar como ministro Defensa a un ex militar.

El problema central es la corrupción y la impunidad, no tanto la sujeción al poder civil, al menos en estos momentos.

Cuanto más involucremos a las FFAA en temas de seguridad interna y en asuntos civiles (regulación de las armas, por ejemplo), habrá más hechos de corrupción que involucren a los militares.

En un escenario de corrupción estructural e impunidad, quien más poder tiene, más posibilidades de corromperse tiene.

Ayudaría un ministro de Defensa que tenga poderes importantes, por delegación del comandante en jefe. / última hora/

 


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