Sí se puede: el poder de los emprendimientos para generar progreso sostenible
A lo largo de los años, he sido testigo de cómo miles de familias paraguayas han demostrado que el potencial existe. Lo que muchas veces falta es el impulso adecuado. Por eso, desde la Fundación Paraguaya trabajamos con la convicción de que, cuando se combinan oportunidades, capacitación y acompañamiento, ese potencial florece.
Hoy, más de 102.765 clientes activos confían en este modelo. No es un número menor: representa historias de esfuerzo, de pequeños negocios que nacen en hogares humildes y que, con el tiempo, se convierten en motores de cambio. A través de nuestras microfinanzas, hemos desembolsado más de G. 552.300 millones, apostando a ideas que otros sistemas muchas veces dejan de lado.
Pero sabemos que el crédito, por sí solo, no es suficiente. Por eso, complementamos esta apuesta con más de 36.400 servicios no financieros, que incluyen desde acceso a salud hasta espacios de recreación. Porque emprender también implica bienestar, equilibrio y calidad de vida.
Uno de los pilares más transformadores que impulsamos es el programa Verdeate. Allí, las emprendedoras no solo desarrollan sus negocios, sino que también analizan su realidad, identifican sus desafíos y construyen un plan de vida. A través del Semáforo de Eliminación de Pobreza, logran medir su progreso en múltiples dimensiones, entendiendo que la pobreza no es solo falta de ingresos, sino una suma de carencias que pueden ser superadas con acciones concretas.
Gracias a este proceso, ya se han logrado verdear más de 48.000 indicadores, lo que refleja mejoras reales en viviendas, salud, educación, ingresos y organización familiar. Detrás de cada indicador hay una decisión, un esfuerzo sostenido y, sobre todo, una historia de superación.
Me resulta especialmente inspirador el trabajo de los Comités de Mujeres Verdeate. Más de 3.500 comités y más de 76.400 mujeres organizadas demuestran que, cuando el emprendimiento se vuelve colectivo, su impacto se multiplica. En estos espacios, las mujeres no solo acceden a herramientas financieras, sino que fortalecen su liderazgo, su autoestima y su capacidad de incidir en sus comunidades.
También vemos cómo el emprendimiento abre puertas a nuevas generaciones. Más de 10.501 jóvenes, sin historial crediticio, accedieron por primera vez a un crédito para iniciar sus propios proyectos. Esto no solo dinamiza la economía, sino que construye una cultura de iniciativa, responsabilidad y autonomía desde temprana edad.
El alcance territorial de este trabajo también es significativo: estamos presentes en 205 pueblos y ciudades, abarcando tanto zonas urbanas como rurales. Esto nos permite afirmar que el emprendimiento es una herramienta poderosa para el desarrollo inclusivo, capaz de llegar donde más se necesita.
Además, a través de 193.909 capacitaciones, fortalecemos habilidades clave para que los emprendimientos sean sostenibles en el tiempo. Porque emprender no es un evento aislado, sino un proceso que requiere aprendizaje constante, adaptación y resiliencia.
En este Día Mundial del Emprendimiento, reafirmo mi convicción de que el cambio real comienza en las familias. Cuando una mujer emprende, cuando un joven accede a su primer crédito, cuando una familia mejora su calidad de vida, estamos construyendo un país más justo.
El desafío es seguir ampliando oportunidades, innovando y acompañando. Porque sabemos que, detrás de cada emprendimiento, hay mucho más que un negocio: hay una historia que merece avanzar, crecer y prosperar. Y en ese camino, estamos comprometidos, hoy más que nunca, a demostrar que sí se puede.
