Piden señales de vida a veinte días del secuestro de Valmir de Brum
La angustia se ha instalado de manera permanente en la comunidad de Yerutí, en los límites entre los departamentos de Caaguazú y Canindeyú, donde la familia de Valmir de Brum cumplió veinte días sin noticias sobre su paradero. En una transmisión especial para el programa Tribu Nativa de La Tribu 650 AM, los familiares del joven secuestrado rompieron el silencio para realizar un pedido desesperado a sus captores.
Rodeados de cultivos de mandioca y bajo una precariedad evidente, su esposa y su padre enfatizaron que son trabajadores que viven al día, alejados de la imagen de grandes productores que los grupos criminales suelen buscar. La desesperación se acentúa al no existir un canal de comunicación abierto, lo que ha llevado a los allegados a recorrer palmo a palmo el terreno en busca de algún papel o grabación que indique el rumbo de una posible negociación.
La precariedad económica como desmentido al perfil de las víctimas
La propiedad donde reside la familia de Valmir de Brum refleja una realidad que dista mucho de la opulencia. Se trata de una vivienda modesta donde el sustento depende exclusivamente de la producción agrícola primaria. Según relataron los familiares, las maquinarias que poseen no son bienes de capital propios, sino herramientas adquiridas mediante créditos bancarios que se pagan con el esfuerzo de cada cosecha.
Esta situación refuerza la hipótesis de que el grupo armado, presumiblemente el EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo), habría cometido un error de objetivo al seleccionar a un trabajador rural que carece de los recursos financieros para afrontar exigencias millonarias. La impotencia de los padres y la esposa se manifiesta en el llanto de los hijos menores, quienes a su corta edad ya perciben la ausencia del padre y sufren el acoso de las interrogantes de sus compañeros de escuela.
El entorno de Yerutí se presenta como un escenario geográfico complejo para la seguridad interna. La zona, rodeada por los densos bosques de Campos Morumbí, ofrece escondites naturales ideales para los grupos insurgentes que operan en el norte.
Los familiares denunciaron la ausencia total de presencia policial o militar en las inmediaciones al momento del incidente, lo que permitió que un grupo de aproximadamente seis personas actuara con total libertad. Ante la falta de una exigencia formal de rescate, la familia solicita encarecidamente una palabra clave o un dato que solo el secuestrado conozca, con el fin de confirmar que sigue con vida e iniciar cualquier proceso que permita su liberación inmediata, terminando con lo que califican como un dolor insoportable para toda la comunidad.
El silencio atípico y el rastro del grupo criminal en el norte
El secuestro de Valmir de Brum presenta características que lo diferencian de otros operativos realizados por el grupo armado. Normalmente, las facciones criminales que operan en esta región suelen dejar panfletos o directrices claras a las pocas horas de la captura, pero en este caso, el silencio ha sido total durante casi tres semanas.
Esta falta de contacto alimenta la teoría de una posible desorganización interna o de una evaluación errónea de la capacidad económica de la familia. Mientras tanto, los pobladores de la zona se mantienen en alerta, temiendo que la franja verde de las plantaciones y el pasto alto sirvan no solo de refugio para los captores, sino también para la colocación de explosivos o trampas que dificulten cualquier intento de rescate por parte de las fuerzas de seguridad del Estado.
A pesar de las declaraciones oficiales que meses atrás indicaban un repliegue de los grupos armados hacia el Cerro Guasu, este nuevo evento demuestra que la capacidad operativa de la insurgencia sigue vigente y es capaz de golpear en zonas de frontera departamental.
La comunidad de Yerutí, que se caracteriza por ser un núcleo de trabajadores que empezaron de cero hace más de veintiséis años, se encuentra hoy paralizada por el miedo. El reclamo de la familia no solo es un pedido de clemencia, sino un recordatorio a las autoridades nacionales sobre la vulnerabilidad de quienes sostienen la economía agraria en las zonas más conflictivas del país. La espera de una señal de vida se ha convertido en la única prioridad para una familia que solo desea recuperar al padre, al hijo y al marido que fue arrebatado de su entorno cotidiano.
LA TRIBUNA
