El Papa León XIV cumple el sueño de Gaudí un siglo después
Uno de los hitos históricos de la visita del Papa León XIV a España ha sido la oportunidad de hacer realidad el sueño de Antoni Gaudí: la inauguración y bendición de la torre de Jesucristo coincidiendo con el centenario de su muerte.
El “arquitecto de Dios” murió dejando un patrimonio ingente de arte y piedad visible en toda Barcelona, como un Evangelio al aire libre, esculpido en piedra.
La espectacular aguja central, coronada por una cruz blanca que convirtió la basílica en la más alta del mundo y que podrá visitarse desde 2028, es sin duda uno de ellas.
Nada más llegar al templo, acompañado por los Reyes de España, Valentina, una niña ciega de 12 años, explicó al Papa los detalles de la nueva estructura, mientras tocaba una pequeña maqueta accesible de la Torre de Jesucristo.
Esta iglesia, señaló el Papa en la homilía de la Misa ante unas 4.000 personas, no es “una obra inacabada, sino un templo aún en construcción”.
“Su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia”, añadió.
La celebración puso el broche final a su visita a Barcelona antes de viajar a dos de las islas Canarias, Tenerife y Las Palmas, donde el Papa se hará cargo del dolor de los inmigrantes que se juegan la vida en la ruta Atlántica en busca de un futuro mejor.
Tras la Misa, León XIV salió al exterior y allí bendijo e inauguró la torre de Jesucristo en un acto precioso en el que el Papa, más que poner su sello a una obra terminada, marcó un rumbo para los cristianos.
“Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo”, manifestó en la homilía.
“La Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en esta tierra de Cataluña, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo”, afirmó.
“No somos nosotros los que damos un lugar a Dios”
Como ha hecho desde que puso el pie en España el pasado sábado 6 de junio, el Papa lanzó un mensaje de unidad y concordia:
“Toda la ciutat comtal (ciudad condal) y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia para toda España, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo”, explicó en el altar de esta basílica que el Papa Benedicto XVI consagró en 2010, recordando que es signo visible del Dios invisible.
El Papa pidió así alzar la mirada hacia la torre de Jesucristo y a esa obra inimitable que es la Sagrada Familia.
La Escritura, dijo, “nos enseña que no somos nosotros quienes damos un lugar a Dios, como si fuera un elemento de una serie o parte de un todo mayor que Él”.
“Es Dios en cambio quien nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños; el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores”, manifestó en una catequesis clarísima.
Sin amenazas ni chantajes
Como un pastor que guía a su rebaño en las enseñanzas de la Iglesia, el Papa continuó con la interpretación del Evangelio, en concreto, con el pasaje en que el Señor dice a los fariseos: “Si no creéis que “Yo soy”, moriréis en vuestros pecados”.
“Palabras fuertes, comentó el Papa, que aclaró “que no son en absoluto amenazas, ni un chantaje”.
“Son una invitación a la salvación, es decir, un llamamiento a la libertad por parte de Cristo, que quiere para nosotros el bien definitivo, eterno”, dijo. Ante la amenaza del mal, “el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor”.
Entonces pronunció una de las frases más poderosas del viaje que resume lo que es ser cristiano: “Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria”.
Antes de celebrar la Eucaristía, bajó a la cripta para rezar y realizar una ofrenda floral donde reposan los restos del arquitecto, a quien el Papa Francisco proclamó venerable en 2025. Verlo rezar ante su tumba fue un impulso más para que la vida virtuosa del arquitecto —- que murió tal día como hoy hace un siglo— acabe en el libro De los Santos De la Iglesia.
Antes de celebrar la Eucaristía, bajó a la cripta para rezar y realizar una ofrenda floral donde reposan los restos del arquitecto, a quien el Papa Francisco proclamó venerable en 2025 en el la vida virtuosa del arquitecto genial y cristiano consecuente Gaudí se vea potenciada por el homenaje del Papa León XIV.
Este fue uno de los momentos más emocionantes, pues ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI, cuando estuvieron en el templo, visitaron la tumba.
En 1882 se puso la primera piedra de la Sagrada Familia, que durante 144 años ha crecido con Barcelona y con el mismo Gaudí hasta el día de su muerte.
El hecho de que el Papa esté aquí es más que un recorrido por una obra de arte de una arrebatadora belleza, una elocuencia que va más allá de su dimensión conmemorativa. Pocas obras como la Sagrada Familia permiten comprender con tanta fuerza que la belleza no es un adorno secundario de la fe, sino una forma de hacer visible a Dios.
