Noruega le ganó a Senegal con un doblete de Haaland y le quiere pelear a Francia la punta del grupo
De Haaland que resuelva. Que se mueva por el frente de ataque. Que pivotee para los compañeros, y que defina cuando quede frente al arco. Que erre, como le pasó al final del primer tiempo, porque va a tener otra chance y no va a perdonar. A Erling Haaland hay que dejarlo, porque dejándolo ser, y poniéndole un equipo laborioso alrededor, Noruega sale ganando. Ante su rival más grande del grupo I, con el que se esperaba que peleara por el segundo puesto, fue victoria por 3-2 con un doblete del centrodelantero para sacar pasaje a la siguiente fase.
Pareció que el equipo nórdico sintió más el partido, y que el africano, que llegaba con más polémicas que fútbol (hubo lío por primas que no fueron pagadas), no estuvo metido en ningún momento. Quien lo mantuvo con vida por más de 40 minutos fue su arquero, Mendy, pero una macana grandísima de Koulibaly fue demasiado para él.
Con la ventaja, las pinceladas de Odegaard y la solidez de Sorloth para aguantar la pelota en ataque, solo faltaban las estocadas de Haaland. Salvo por un yerro insólito, cada vez que lo pusieron frente al arco la embocó.
El desahogo fue grandísimo, porque nada garantizaba que Noruega pasaría a la siguiente fase y lo consiguió casi sin sufrir, a falta de un partido para el final de la zona de grupos. Eso sí, hubo una razón para lamentarse en los minutos finales: el segundo tanto de Sarr, para el 3-2 definitivo, bajó de la punta a los dirigidos por Solbakken, que hasta entonces necesitaban empatar con Francia para pasar primeros. Ahora, deberán ganar sí o sí.
