La colonia japonesa de Amambay celebra 70 años de pionerismo en la frontera
El monumento histórico, que se celebra anualmente el 23 de mayo, tendrá su punto culminante el domingo 24, con la participación de toda la comunidad local.
Todo comenzó en 1956, cuando las primeras 38 familias japonesas llegaron a la región fronteriza. Nombres como Shirakawa, Konari, Oishi, Matsunaga, Ukemoto, Kano y Motoyama lideraron esta audaz empresa, dejando descendientes que hoy forman la tercera generación.
Estos pioneros se han convertido en actores clave en el desarrollo económico y social de la zona, transformando los desafíos en prosperidad.
Uno de los rasgos más impresionantes de esta trayectoria es la profunda asimilación cultural.
Muchos descendientes hablan guaraní con fluidez, utilizando la lengua indígena más en la vida cotidiana que el japonés nativo, un símbolo vivo de armonía en la diversidad paraguaya.
Mientras Amambay celebra siete décadas, la inmigración japonesa en Paraguay cumple 90 años, comenzando en La Colmena, en el departamento de Paraguarí.
Hoy en día, la asociación reúne a miembros activos, que representan a unas 300 personas, que preservan el legado de los inmigrantes con unidad y dedicación.
Los organizadores invitan a la población a los eventos previos al aniversario de este mes de abril, esenciales para el éxito de la gran celebración.
"No es solo un homenaje a los pioneros, sino una afirmación de la fortaleza comunitaria que sigue impulsando a Amambay", señalan.
HISTORIA
Grupo de inmigrantes japoneses en una foto antigua, en el contexto de viajes o llegadas, con ropa y paisajes típicos de inmigración.
La historia de la presencia japonesa en Amambay comienza en 1956, cuando llegaron unas 137 familias japonesas contratadas por la CAFÉ (American Economic Development Company) para trabajar en grandes plantaciones de café en la región, cerca del actual Pedro Juan Caballero.
Según investigaciones históricas, los primeros grupos desembarcaron en Santos (Brasil) y viajaron en tren hasta la frontera, llegando a Amambay a mediados de mayo de ese año.
En Amambay, los inmigrantes encontraron vastas plantaciones de café, pero vivían en condiciones precarias: sin casas estructuradas ni servicios básicos, trabajaban largas horas en un entorno similar a un sistema de trabajo forzado, a menudo comparado con la sustitución de esclavos.
Con la quiebra de CAFÉ en 1958, la empresa desapareció y las familias se vieron obligadas a buscar sus propias tierras y reinventar su supervivencia.
Algunos se establecieron como pequeños terratenientes rurales, mientras que otros emigraron a ciudades fronterizas, como Pedro Juan Caballero y Ponta Porã, comenzando a operar en pequeños negocios, servicios y actividades urbanas.
La tenacidad de estos pioneros permitió que la comunidad se consolidara, formando generaciones posteriores que hoy alcanzan la tercera y cuarta generación de Nikkei.
En 1956, aún en las plantaciones de café, se fundó la Asociación Japonesa Chirigüello, una entidad que intentó apoyar a los recién llegados en ese complejo de trabajo.
Con la crisis de CAFÉ, la comunidad se reorganizó: en 1960 nació la Cooperativa Agrícola de Amambay, y en 1962 nació la Asociación Japonesa Central del Amambay, hoy conocida como la Asociación Japonesa de Amambay.
A lo largo de las décadas, los japoneses y sus descendientes se han integrado económicamente (en comercio, agricultura y servicios) y culturalmente, utilizando el guaraní, hablando a menudo esta lengua autóctona más que el japonés en su vida diaria.
En este año 2026, la comunidad celebra 70 años de inmigración en Amambay, manteniendo viva la memoria de los pioneros que abandonaron Japón en busca de tierras, trabajo y dignidad
pontaporaemdia.com
