Fallece el padre José Zanardini uno de los incansables trabajadores por el Chaco paraguayo
Zanardini, de origen italiano pero con un profundo arraigo en la tierra guaraní, representa una pérdida significativa para la antropología y la defensa de los derechos humanos en el país. El sacerdote que trabajó por mucho tiempo por el Chaco paraguayo, falleció a las 00:30 horas de este lunes en la Comunidad Domingo Savio, ubicada en la ciudad de Fernando de la Mora.
Detalles de las exequias
Si bien los horarios oficiales serán comunicados en el transcurso de la mañana, fuentes cercanas han informado que los familiares del sacerdote han solicitado que la despedida se realice en el Salón Memorial, situado sobre la Avenida Mariscal López. Se aguarda la confirmación final de los detalles para que amigos, alumnos y allegados puedan dar el último adiós.
Una vida dedicada a Paraguay
El Padre Zanardini llegó a Paraguay en 1978 y, desde entonces, dedicó su vida al servicio de los más vulnerables y al estudio riguroso de la cultura. Ingeniero químico y civil, además de filósofo, teólogo y antropólogo social formado en Italia y Londres, Zanardini combinó su vocación sacerdotal con una curiosidad científica inagotable.
Durante más de cuatro décadas, se destacó como docente, investigador y director del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica de Asunción (CEADUC), desde donde impulsó la publicación de la revista Estudios Paraguayos y fue miembro de prestigiosas academias de historia.
El amigo de los Ayoreos
Quizás su legado más humano y palpable sea su trabajo en el Chaco paraguayo. Zanardini no fue un observador distante; convivió con las comunidades indígenas, especialmente con el pueblo Ayoreo, llegando a ser adoptado simbólicamente por un clan. Su obra literaria, incluyendo títulos como “Entre la Selva y el Vaticano”, refleja esta inmersión vital y su incansable lucha por la defensa de los derechos y territorios ancestrales.
Su labor le valió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Internacional por la Paz (2000) y la distinción de “Ciudadano Ilustre” de Asunción en 2009.
El fallecimiento del Padre José deja un vacío irremplazable, pero también una herencia intelectual y humanitaria que perdurará en las generaciones de antropólogos y salesianos que formó.
