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NACIONALES 08 Diciembre, 2025

Carta Pastoral sobre el Bien Común, 2026

Te presentamos en exclusiva la carta pastoral que se leyó en su integra en la celebración de la misa central en Caacupé. Gentileza: Festividades Caacupé 2025.
Carta Pastoral sobre el Bien Común, 2026
Foto: Gentileza / Archivo
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Carta Pastoral sobre el Bien Comn, 2026

Denles ustedes de comer... (Mt 14,16)
Con estas palabras, Jess expone a sus discpulos a una necesidad
real de la gente y, al mismo tiempo, los interpela. Varias personas siguen
a Jess hasta un lugar apartado y los discpulos, preocupados por la
multitud, le piden que las despida para ir a buscar comida; pero Jess se
pronuncia con firmeza: No necesitan irse. Denles ustedes mismos de
comer. Mientras los discpulos piensan en comprar y resolver con
recursos externos, Jess invita a compartir lo que hay y a confiar en la
providencia. El milagro no brota de una compra, sino de una comunin.
All, donde se parte el pan y se comparte lo poco, nace la abundancia.
Tambin nosotros, al contemplar nuestra sociedad, sentimos la
tentacin de evaluar las cosas solo desde la lgica del mercado, del
clculo o de la competencia. Pero Jess nos recuerda que el camino del
Reino se construye desde la confianza, la solidaridad y el compartir. Por
eso, con esta carta pretendemos encaminar una reflexin creyente sobre
nuestra realidad desde la perspectiva del Bien Comn.
El concepto del Bien Comn es central en la Doctrina Social de la
Iglesia. La Sagrada Escritura entiende que el ser humano es creado a
imagen de Dios y llamado a la fraternidad: No es bueno que el hombre
est solo (Gn 2,18). San Pablo exhorta: Busquen no su propio inters,
sino el de los dems (Flp 2,4). Asimismo, los Padres de la Iglesia
ensearon que compartir con los necesitados no es una opcin, sino un
deber de justicia.
Desde la Rerum Novarum (Len XIII, 1891), la Doctrina Social de
la Iglesia ha insistido en que la vida econmica y la vida poltica deben
orientarse al Bien Comn, fundado en la dignidad de toda persona
humana. Documentos posteriores Quadragesimo Anno, Mater et
Magistra, Gaudium et Spes, Populorum Progressio, Caritas in
Veritate fueron ampliando esta visin, recordndonos que el Bien
Comn incluye tambin la dimensin ecolgica global. El papa
Francisco, en Laudato Si y Fratelli Tutti, nos llama a cuidar los bienes
comunes del planeta y a reconstruir la fraternidad universal. El Bien
Comn es un camino concreto de amor social, de dilogo y de servicio
mutuo.

2

El bien es de todos porque, primeramente, es de Dios. Solo Dios
es bueno (Mc 10,18). Todo bien, sea material o espiritual, nace de su
gracia y est destinado a la comunin. En esta lnea habra que entender
la propiedad privada que, si bien es un derecho legtimo, sin embargo,
nunca puede perder su funcin social.
El Bien Comn abarca tanto los bienes tangibles: Agua, aire, tierra,
servicios, caminos como los bienes intangibles: La justicia, la paz, la
libertad, la salud, la educacin, la cultura, la seguridad, la convivencia y
el mismo Estado, que existe para garantizar el bienestar de todos. All
donde estos bienes se privatizan o se usan con egosmo, el Bien Comn
se debilita y afecta a la dignidad humana. Nuestra fe nos ensea que todo
cristiano est llamado a cuidar y a promover este bien compartido. No es
tarea exclusiva del Estado o de algunos sectores: Es misin de todos.
Construir el Bien Comn es vivir el Evangelio en la vida social, es
prolongar el gesto de Jess que multiplica el pan cuando todos se sientan,
comparten y confan.
La historia de nuestra Patria evidencia que somos un pueblo capaz
de grandes sacrificios, que supimos levantarnos de las ruinas con espritu
solidario y esperanza. Hoy, sin embargo, nos duele que muchos
conciudadanos nuestros sean vctimas de las injusticias causada por
nuestra indiferencia, nuestro egosmo y nuestra escasa esperanza en un
futuro mejor. Por eso, esta carta pastoral quiere ser una invitacin para
examinar y renovar nuestro pacto fraterno que nos une como Nacin.
Necesitamos recuperar la confianza, dialogar y buscar juntos un
horizonte comn. Creemos que solo un Paraguay fundado en el Bien
Comn podr ofrecer a todos sus hijos e hijas una vida digna, sin
exclusiones, con oportunidades y con futuro.
El Seor nos ruega: Denles ustedes de comer. Esta exhortacin
se dirige no solo a los discpulos de entonces, sino tambin a cada uno de
nosotros. Nos llama a asumir con generosidad el compromiso de
compartir lo que somos y tenemos pues con la bendicin de Dios puede
haber pan y esperanza para todos y todas. En esta lnea, la Iglesia
denomina Bien Comn al conjunto de las condiciones sociales, polticas,
econmicas, culturales y espirituales que permiten que todas las personas
y todos los grupos puedan alcanzar plenamente su propia realizacin. (cf.
Gaudium et Spes, 26; Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia,
164).

3

La carta consta de siete puntos de reflexin que son las reas ms
sensibles de nuestra realidad nacional donde entra en juego el Bien
Comn. Ellas son la poltica, la economa, la ecologa, la justicia, la salud,
la educacin y la proteccin social. No nos limitamos a la consideracin
sobre tales mbitos sino ofrecemos tambin algunas pistas de accin a la
luz de la reflexin. Y, por ltimo, abordamos dos temas transversales a
todas las dimensiones referidas y a nuestro modo de ver son la corrupcin
y la participacin ciudadana. Son temas que quieren ser temas de dilogo
en las comunidades, en las familias, en los movimientos eclesiales y
generen ms reflexiones y compromiso social.
1. Poltica
Pido a Dios que crezca el nmero de polticos capaces de entrar en un
autntico dilogo que se oriente eficazmente a sanar las races profundas
y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La poltica, tan
denigrada, es una altsima vocacin, es una de las formas ms preciosas
de la caridad, porque busca el bien comn. (Evangelii gaudium, 205).
1.1. El Bien Comn, misin de la poltica
La misin y la finalidad de la poltica es asegurar la vida humana
en el sentido ms amplio. Claman por nuestro compromiso con mira al
bien de todos porque para la Iglesia la poltica es una altsima vocacin,
es una de las formas ms preciosas de la caridad, porque busca el bien
comn (Evangelii gaudium, 205). En efecto, ella organiza la vida de
todos para que nadie quede excluido. El papa Francisco nos lo deca con
claridad: Hace falta la mejor poltica puesta al servicio del verdadero
bien comn (Fratelli Tutti, 154). La poltica no es primero lucha de
poder, sino servicio ordenado a la felicidad social.
Es necesario sealar que nuestros hermanos indgenas conciben la
vida desde la reciprocidad y el cuidado de la casa comn. En cambio,
entre nosotros esta cosmovisin poco a poco se ha debilitado.
Frecuentemente nos aprovechamos de los bienes comunes como son las
veredas, las plazas, los hospitales, las escuelas, los bienes del Estado
incluso el aire y el agua como si fueran de uso exclusivo, individual o
familia. La consecuencia es clara: se debilita el sentido del Bien Comn
y se pierde el sentido comunitario de los bienes pblicos y de la
naturaleza.

4

Al fenmeno social mencionado en precedencia, se suma el
crecimiento de la cantidad de personas comprometidas en el mundo de la
poltica, muchas veces, carentes del sentido de responsabilidad de su
funcin en la sociedad y se convierten en servidores de maquinarias
electorales, sin formacin cvica y con poco dilogo con la ciudadana
organizada. Esto genera desilusin democrtica que se traduce n poca
participacin, compra y venta de votos durante los comicios. Y, en la vida
cotidiana, en tolerancia al autoritarismo, y da paso a soluciones fciles y
populistas que no respetan el Estado de derecho.
Otro elemento de esta rea que nos genera preocupacin es el
equilibrio entre los poderes del Estado porque cuando este se quiebra, la
poltica deja de proteger a todos y comienza a proteger a unos pocos.
Entonces, la ciudadana experimenta que el bienestar no es para todos,
sino para aquellos que cuentan de elevado poder adquisitivo y
apadrinados por personas adineradas. Esta realidad atenta contra los
principios del Bien Comn.
Somos conscientes que como Iglesia formamos parte de dicho
entramado social y muchas veces, cmplices de este sistema vicioso. En
muchas ocasiones nos hemos demorado en alzar la voz ante las injusticias
o en formar ciudadanos con conciencia cvica y espritu crtico.
Asimismo, nos hemos equivocado al permitir que el anuncio del
Evangelio sea confundido con intereses partidarios, o cuando no hemos
sabido acompaar de manera cercana a quienes se comprometen en la
vida pblica.
1.2. Pistas de accin
Cuidar con esmero los bienes de uso comn en los espacios eclesiales
como son las parroquias, los movimientos, las instituciones educativas
sabiendo que pertenecen a todos sin exclusividad de nadie.
Fomentar la educacin cvica permitiendo que cada partido poltico se
convierta en escuela de ciudadana, de dilogo social y de elaboracin de
propuestas polticas que contemplen como su ncleo vertebrador, el Bien
Comn.
Aplicar la ley de financiamiento de los partidos polticos con controles
ciudadanos rigurosos.
Defender la independencia de los poderes del Estado y apoyar las
iniciativas que fortalezcan los sistemas de control y rendicin de cuentas.

5

Promover el dilogo social en clave de visin polidrica1

para aprender
a convivir con las diferencias buscando puntos de contacto y tareas
comunes.
Evitar la difusin y apoyo a campaas de odio, fake news2

, amenazas o

escraches que destruyen reputaciones sin debido proceso.
Concientizar a los jvenes en la necesidad de activar en la vida poltica y
animar a quienes sienten la poltica como vocacin a ejercerla con
honestidad y espritu cristiano para marcar la diferencia.
Promover dentro de la Iglesia una conversin pastoral que impulse una
presencia transparente, coherente y proftica en la vida pblica.
2. Economa
Amen la economa, amen concretamente a los trabajadores, a los pobres,
dando prioridad a las situaciones de mayor sufrimiento (Papa
Francisco)3
.

2.1. El Bien Comn sobre la economa de la exclusin
Los datossobre la economa paraguaya han mostrado en las ltimas
dcadas mayor equilibrio macroeconmico, disciplina fiscal, baja
inflacin y sistema financiero slido. Esto es bueno y hay que
conservarlo. Son condiciones necesarias, pero no suficientes. Asimismo,
los ingresos laborales crecieron en nmeros, son muy disminuidos en
valor por la inflacin4

. Sin embargo, no podemos silenciar la existencia

1 Cf. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2023-11/papa-maravillas-florecen-de-
diferencias-no-de-uniformidad.html

2
Fake news: falsa noticia.

3 https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2024-09/papa-proponer-economia-nueva-
en-mundo-amenazado-por-guerras.html

4 Redaccin de Forbes. (2025). Ocupados en Paraguay ganan casi G. 3 millones en

promedio. Forbes. https://www.forbes.com.py/macroeconomia/ocupados-
paraguay-ganan-casi-g-3-millones-promedio-n79125;

Redaccin de El Nacional. (2025). Precarizacin, inflacin e informalidad. El

Nacional. https://elnacional.com.py/economia/precarizacion-inflacion-e-
informalidad-n90429;

Redaccin de ltima Hora. (2025). En 10 aos, los precios subieron 50% y el salario

solo 39%, sealan. ltima Hora. https://www.ultimahora.com/en-10-anos-los-
precios-subieron-50-y-el-salario-solo-39-

6

de desigualdades urbano-rurales, el problema de la tierra mal distribuida,
la persistencia de segmentos enteros de poblacin indgena, campesina y
urbana precarizada para los cuales el crecimiento no llega o llega muy
poco. Es preciso recordar la enseanza de San Pablo VI que desarrollo
es el nuevo nombre de la paz (Populorum Progressio, 87) y que cuando
una economa deja fuera a muchos, esa economa mata (cf. Evangelii
Gaudium, 53.59; Dilexi te, 92).
La Iglesia, fiel al mensaje de Jess que multiplic panes y peces
con la colaboracin de sus seguidores y oyentes (cf. Mc 6,30-44), ensea
que la propiedad privada y la riqueza son legtimas cuando cumplen su
funcin social (cf. Gaudium et Spes, 71). Los pontfices de nuestro siglo
han prestado una atencin especial a este tema, por ejemplo, Benedicto
XVI, en su encclica Caritas in Veritate, 39.46, habl de introducir en la
economa, la lgica del don, de la gratuidad y de la comunin; que el
mercado y el Estado no bastan, sino ms bien hacen falta el aporte de la
sociedad civil, de la economa social, de la empresa con rostro humano.
En la Iglesia, debemos fortalecer la conciencia de que los bienes
son medios para cumplir para la misin y, por consiguiente, debemos
administrarlos con criterios de servicio, austeridad y rendicin de cuentas.
La falta de transparencia mina la confianza y quita credibilidad a nuestra
palabra.
2.2. Pistas de accin
Comprometerse para que nuestro modelo econmico priorice la
generacin de empleo digno y la reduccin de la pobreza extrema.
Reorientar crditos e incentivos hacia pequeas y medianas empresas,
emprendimientos familiares y campesinos, economas creativas y locales
que favorezcan la vida digna de las familias.
Promover un pacto fiscal por el bien comn, de modo las personas con
mayor poder adquisitivo contribuyan ms y sus aportes sean destinados
a la mejora de los servicios pblicos.

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alan

7

Aplicar el principio de subsidiariedad a la economa: Que las grandes
empresas no destruyan a las pequeas ni capten todo el mercado; y que
el Estado no absorba lo que las comunidades pueden hacer.
Visibilizar a los indgenas, a los campesinos y a las periferias urbanas
como sujetos econmicos y no solo como receptores de ayuda.
Solucionar el problema de los transportes pblicos para ofrecer un
servicio accesible, seguro y de calidad a la ciudadana.
Medir la economa con indicadores sociales y ambientales, no solo con
el crecimiento del Producto Interno Bruto.
Promover dentro de la Iglesia una gestin econmica transparente,
solidaria y sostenible, que sea signo del Reino de Dios.

Publicar balances auditados anuales de dicesis, parroquias, obras y fun-
daciones; crear comits econmicos con mayora laical cualificada.

3. Ecologa
Ahechvo nde yvga, ne kungura rembiapokue,
upe jasy ha mbyjakura hendpe removaekue.
Mbae piko pe yvypra reangareko hagua hese
umi yvypra emoare, Nde reangareko hagua hese (Sal 8,4-5).
3.1. El Bien Comn, alianza entre pueblo y naturaleza
El destino universal de los bienes, principio central de la Doctrina
Social de la Iglesia, recuerda que la tierra y sus frutos estn destinados al
eneficio de todos. (cf. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
171; Gaudium et Spes, 69). La persona creyente como el orante del Sal
8, al contemplar la belleza y grandeza de la naturaleza, obra de las manos
de su Creador reconoce su pequeez y se interroga sobre su lugar en la
casa comn y en el corazn de su Dios.
Actualmente, es necesario que pensemos en el Bien comn
estrechamente vinculado al cuidado de la casa comn. En Paraguay,
contamos con un marco legal ambiental aceptable, pero su aplicacin es
limitada y muchas veces, fragmentada. Esta distancia entre el marco legal
y la realidad ambiental deja va libre al extractivismo depredador, la
sobreexplotacin de recursos (minera, criptominera, deforestacin,
monocultivos sin proteccin del suelo y del agua) y no castiga a los
culpables de las contaminaciones ambientales, un atentado evidente al
Bien Comn (cf. Laudato Si, 52; 59; 128)

8

La ineficacia o ausencia de polticas ambientales reales aumenta la
desigualdad: Quienes tienen ms recursos aprovechan ms los bienes de
la naturaleza, mientras que los pobres pagan el costo en salud, en prdida
de agua y en tierras degradadas. Esto contradice el mandato de Gnesis
de cultivar y cuidar (Gn 2,15) y la enseanza de la ecologa integral (cf.
Laudato Si, 137-162). Y. por tanto, llama a la conversin y la Iglesia se
reconoce como parte de este proceso de conversin ecolgica (cf.
Laudato Si, 217). Admitimos que no siempre hemos sabido escuchar el
clamor de la tierra y el clamor de los pobres como un nico grito
(Laudato Si, 49); que no siempre hemos acompaado con suficiente
cercana a quienes defienden la vida, los territorios y las comunidades
vulneradas (cf. Fratelli Tutti, 18-21; 231). A veces hemos reducido el
tema ambiental a campaas puntuales o acciones simblicas, sin integrar
verdaderamente el cuidado de la creacin en la catequesis, en la liturgia,
en la economa eclesial y en las decisiones pastorales (cf. Querida
Amazonia, 53; Aparecida, 83-87). Tampoco hemos acompaado con
suficiente valenta a las comunidades que sufren el deterioro ambiental,
as como exige el Evangelio, ni hemos denunciado, con fuerza proftica,
las causas estructurales de la destruccin.
3.2. Pistas de accin
Cumplir la ley ambiental sin presiones polticas o econmicas.
Fortalecer la fiscalizacin de las industrias que desechan productos
txicos en los ros y arroyos (minera, curtiembre, destiladoras, etc.);
prever e implementar normas claras de tratamiento de residuos y
efluentes.
Incorporar a entidades educativas, comunidades locales y pueblos
indgenas en el monitoreo de agua, suelo y aire.
Proteger legalmente a los defensores ambientales, evitando su
criminalizacin y acompaarlos pastoralmente.
Educar en la ecologa en los ambientes parroquiales y escolares,
conscientes de que el dao ambiental es un pecado social que atenta
contra el Bien Comn y contra las generaciones futuras.
Vincular polticas ecolgicas con polticas comprometidas contra la
pobreza favoreciendo que el cuidado del ambiente se traduzca en mejorar
la calidad de vida de los pobres.

9

Revisar las propias prcticas eclesiales: promover el uso responsable de
los recursos en templos, escuelas y comunidades; reducir el consumo,
evitar el derroche y optar por energas limpias cuando sea posible.
4. Justicia
Hacer acepcin de personas en el juicio no est bien.
A quien declara inocente al culpable
lo maldecirn pueblos, lo aborrecern naciones.
A quienes lo sancionan les ir bien,
bajar sobre ellos una lluvia de bendicin (Pr 24,23b-25).
4.1. El Bien Comn y la necesidad de un Poder Judicial imparcial
La justicia en la Sagrada Escritura es atributo de Dios (cf. Dt 32,14;
Sal 9,8;Is 45,21; etc)) y exigencia de la correcta relacin que debe existir
en el seno del pueblo (cf. Am 5,24; Miq 6,8; ect.). De ella es responsable
en primer lugar el gobernante, como su lugarteniente (cf. Pr 8,15-16; Sal
71; etc.) y la comunidad en su totalidad. Aquella que se administra en los
tribunales debe ser imparcial; as lo ensea Pr 24,23b: hacer acepcin
de personas en el juicio no est bien. Y, Jess en su sermn en la
montaa dej claro a sus seguidores: ... Si la justicia de ustedes no es
superior a la de los escribas y fariseos, no podrn entrar en el Reino de
los Cielos (Mt 5,20).
La Doctrina Social de la Iglesia recuerda que la justicia es un Bien
Comn intangible, eje de la convivencia social, proteccin de la dignidad
humana y garanta para la paz (cf. Compendio de la Doctrina Social de
la Iglesia, 201, 208). Cuando ella no funciona, la armona social se
quiebra porque se pierde la confianza en las instituciones del Estado, se
favorece la impunidad y la corrupcin, al no existir sanciones efectivas.
Del mismo modo, difcilmente se atrae inversiones econmicas serias y
responsables que garanticen la igualdad de derecho al trabajo digno y
proteccin de la clase ms vulnerable pues crece la percepcin de que la
ley solo se aplica a los pobres.
De all, queda patente que, sin justicia real y accesible para todos,
el Estado de derecho se convierte en una apariencia, una estructura
formal sin fuerza moral ni credibilidad pblica. Esta realidad contrasta
con lo sancionado en nuestra Constitucin Nacional. Ella pens un

10

sistema de equilibrio, coordinacin y recproco control entre los poderes
(cf. Constitucin Nacional Art. 3). Pero lastimosamente, en la prctica,
el Poder Judicial est sobrecargado, mal dotado, presionado
polticamente y afectado por prcticas corruptas y por interferencias. Esto
provoca mora judicial, sentencias que parecen tener precio, sensacin de
injusticia y desproteccin de los ms dbiles.
4.2. Pistas de accin

Defender la independencia de los poderes del Estado y apoyar todas las
iniciativas ciudadanas e institucionales que fortalezcan los mecanismos
de control, transparencia y rendicin de cuentas. Esto debe ser tema de
reflexin y formacin tambin en nuestras comunidades eclesiales para
que todos comprendamos nuestra responsabilidad social.
Exigir la asignacin necesaria de jueces y de presupuesto, de modo que
la mora judicial no sea excusa para la injusticia.
Reforzar los mecanismos de seleccin y sancin de magistrados (Consejo
de la Magistratura, Jurado de Enjuiciamiento), blindndolos de los
arreglos polticos.
Separar con claridad las funciones del Ministerio Pblico y del Poder
Judicial, pero exigiendo transparencia y tica en ambos.
Apoyar y visibilizar a los jueces honestos: la gente debe saber que existen
y que es posible una justicia autntica.
Capacitar a la ciudadana sobre los mecanismos de control, amparo y
denuncia que la propia Constitucin le otorga.
Vincular el tema justicia con el tema corrupcin: Sin justicia no hay lucha
real contra la corrupcin.
Defender los intereses difusos (ambiente, patrimonio cultural, calidad de
vida) como parte del bien comn.
Promover la formacin en justicia restaurativa y cultura del encuentro
dentro de nuestras comunidades y pastorales, para que la misericordia y
la verdad caminen juntas.

11

5. Sistema educativo
Olvidar nuestra humanidad comn ha generado fracturas y violencia; y
cuando la tierra sufre, los pobres sufren ms. La educacin catlica no
puede callar: debe unir la justicia ocial y la justicia ambiental, promover
la sobriedad y los estilos de vida sostenibles, formar conciencias capaces
de elegir no solo lo conveniente, sino lo justo. Cada pequeo gesto
evitar el desperdicio, elegir con responsabilidad, defender el bien
comn es alfabetizacin cultural y moral (Papa Len XIV, Disear
nuevos mapas de esperanza, 7.2)
5
.

5.1. El Bien Comn y el derecho a la educacin
La condicin del cristiano es ser siempre discpulo: Un discpulo
no est por encima del maestro, ni un siervo por encima de su Seor. Al
discpulo le basta ser como su maestro (Mt 10,24-25). Por eso, para
nosotros, seguir a Jess es un continuo y permanente aprendizaje, de
palabras y de gestos que poco a poco van formando y conformando
nuestro ser de discpulo al del Maestro. Para Jess, el acto de educar fue
uno de los aspectos sustanciales de su misin recibida del Padre (cf. Jn
17,6-12).
Desde el punto de vista de la pedagoga de Paulo Freire, educar es
intervenir en el mundo, un compromiso ante la sociedad y en s misma
es un acto poltico6

y acto de fe. Poltico, porque forma ciudadana para
sostener la democracia. Es acto de fe porque ayuda a cada persona a
reconocer su dignidad de hija e hijo de Dios. Por eso, la educacin debe
unir la justicia social y la justicia ambiental, promover la sobriedad y los
estilos de vida sostenibles, formar conciencias capaces de elegir no solo
lo conveniente, sino lo justo (Papa Len XIV, Disear nuevos mapas de
esperanza, 7.2).
En otras palabras, es un bien y una responsabilidad comn. Sin
embargo, tenemos que reconocer que nuestro sistema educativo no est
garantizando inclusin ni aprendizaje: el porcentaje de desercin es muy
alto (solo cerca del 54 % de los que comenzaron la primaria en 2012 lleg

5 https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/apost_letters/documents/20251027-
disegnare-nuove-mappe.html
6 Cf. FREIRE, La pedagoga de la autonoma. Saberes necesarios para la prctica
educativa, Mxico 2004, 46-61.

12

a la media en 2023) 7

; los programas de alfabetizacin demuestran
psimos resultados en el campo y en pueblos indgenas (hasta 7 de cada
10 estudiantes no comprenden lo que leen8

), la infraestructura para la

educacin es deficiente y existe una centralizacin que asfixia.
Reconocemos que muchas de nuestras instituciones educativas
catlicas han brindado un servicio valioso al pas, pero no siempre hemos
sabido garantizar inclusin, accesibilidad y formacin integral. A veces,
nuestras escuelas, colegios y universidad se han vuelto lugares para una
minora privilegiada. Otras veces, hemos descuidado la formacin de
nuestros educadores en la fe, en la justicia y en el compromiso social.
Reafirmamos nuestro compromiso de ofrecer una educacin catlica
abierta, crtica, solidaria y al servicio del bien comn.
5.2. Pistas de accin
Aplicar el Sistema integral de proteccin de trayectorias, el cual
significa asegurar la continuidad educativa del estudiante, es decir, que
ningn nio/nia o joven quede fuera de la escuela sin que su ausencia
sea notada y acompaada. Adems, supone una red articulada de apoyo
entre familia, escuela, comunidad y Estado, para que cada estudiante
pueda permanecer, aprender y culminar sus estudios con dignidad.
Reformar el currculum bilinge (espaol-guaran) con enfoque en
competencias y con materiales pertinentes a la realidad multicultural del
pas.
Reformar la vocacin docente: constituirla en una carrera meritocrtica,
con mejor salario, evaluacin y acompaamiento permanentes.
Promover una poltica educativa con enfoque territorial: ms recursos
donde hay ms pobreza y desercin.
Descentralizar la educacin de manera eficaz y fomentar la participacin
de las comunidades educativas en la gestin de las escuelas.
Vincular educacin con trabajo y cuidado del ambiente de manera que la
escuela forme para la vida real y para el pas que queremos.

7
CDIA - Coordinadora por los derechos de la Infancia y Adolescencia. (2025). Inicio
de clases 2025 Paraguay. https://www.cdia.org.py
8
PISA 2022. (2022). Programa para la Evaluacin Internacional de Estudiantes.

13

Fortalecer las escuelas catlicas como espacios de inclusin y servicio
pblico.
Incorporar a la pastoral educativa una formacin ciudadana y tica, que
ensee a discernir y a comprometerse con el bien comn.
6. Sistema de salud
Jess hei ichupekura: Tapeho ha pemombeu Juan-pe umi mbae pe
pehendva ha pehechva: Umi ohechava, ohecha; umi ikarva, oguata,
umi ikuruvaipva, ikuera, umi ohenduva, ohendu, umi omanva,
oikovejevy ha mboriahukura oemoheraku Evangelio (Mt 11,4-5).
6.1. El Bien Comn y el cuidado de la vida
Jess con su actuacin en favor de la vida sana quiso mostrar la
llegada del Reino y su identidad de Mesas(cf. Mt 11,-4-5). No solamente
saci a la multitud (cf. Mc 6,30-43; Jn 6,1-13) sino tambin cur a
muchos enfermos devolvindoles la alegra de ser sanos y formar parte
de la comunidad (cf. Mc, 9,14-29; Lc 17,12-14). Por eso, como cristianos
entendemos que el cuidado de la salud es una responsabilidad personal y
comunitaria. Es decir, se trata de un Bien Comn, un don de Dios y un
derecho humano fundamental, no un privilegio.
Cuando promovemos alimentacin adecuada, viviendas dignas,
barrios seguros, prevencin de enfermedades y acceso oportuno a
servicios sanitarios de calidad, no beneficia solamente a una persona sino
a la poblacin en su integridad (cf. Compendio de Doctrina Social de la
Iglesia, 166-167; Laudato Si, 20). Entre las prioridades ineludibles del
sistema sanitario de calidad, se encuentra el cuidado de la primera
infancia. Los primeros aos de vida son decisivos para el desarrollo fsico,
cognitivo y emocional. La desnutricin, la falta de estimulacin afectiva
y la inseguridad ambiental tienen consecuencias que pueden ser
irreversibles. Por eso, una sociedad que no protege a sus nios rompe la
base del Bien Comn (cf. Caritas in Veritate, 44). Igualmente implica
cuidar con especial atencin a las mujeres gestantes, a las personas con
discapacidad y a los adultos mayores, pues son quienes ms dependen
del cuidado colectivo (cf. Gaudium et Spes, 26; Fratelli tutti, 22).
Nuestro sistema de salud refleja, lastimosamente, con crudeza las
desigualdades existentes en nuestro pas. Paraguay invierte poco, invierte
de manera ineficiente e invierte con escasa transparencia. Existe
fragmentacin y superposicin de instituciones Ministerio de Salud

14

Pblica y Bienestar Social, Instituto de Previsin Social, Fondo Nacional
de Recursos Solidarios para la Salud, sector privado; y no existe una
poltica articulada que garantice acceso equitativo y continuo a la
atencin. Y ha convertido a la salud en un negocio. Sumado a esta
realidad preocupante, sabemos que Paraguay invierte menos del 6 %
Producto Interno Bruto, inversin mnima recomendada por la
Organizacin Panamericana de la Salud, en el sistema pblico de salud,
lo que nos coloca entre los pocos pases de Sudamrica sin un sistema
integrado de cobertura universal y equitativa.9
La realidad que acabamos de describir significa que las
enfermedades, como por ejemplo en el caso del tratamiento oncolgico,
puede empobrecer a una familia en incluso arrastrarla a la mendicidad.
Se ha vueltohabitual en nuestro medio, recurrir a polladas o rifas para
costear los gastos de los tratamientos sanitarios. En las zonas rurales se
agudiza esta problemtica por falta o poco personal sanitario
especializado, insumos, medicamentos o transporte sanitario en los
hospitales o centros de salud.
6.2. Pistas de accin
Reforzar los programas pastorales de la salud: Pastoral del nio,
centralidad de la niez, Pastoral de la tercera edad, visitas a los enfermos,
apoyo solidario a las personas con enfermedades crnicas, deportes, etc.
Despartidizar y profesionalizar la gestin sanitaria.
Modernizar la red pblica, asegurando medicamentos, personal y
mantenimiento de infraestructuras.
Avanzar hacia un sistema unificado con cobertura universal y equitativa.
Aumentar, gradualmente, la inversin en salud hasta el nivel
recomendado, con control social.
Reducir el gasto propio de las personas enfermas, especialmente para las
familias ms pobres.
Mejorar la formacin mdica y controlar la calidad de enseanza de las
facultades.

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Presupuesto General de la Nacin. (PGN 2026). Paraguay destinara a gastos en
Salud.

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Incorporar las sugerencias de pacientes y profesionales en el diseo de
las reformas.
Responder a las necesidades crecientes de atencin a la salud mental
7. Sistema de proteccin social
Emaamna, che po pytpe roguereko
Nde tva tpia tapiatie o che renondpe (Is 49,16)
7.1. El Bien Comn, dignidad de la vida
La Biblia da testimonio de la proteccin divina hacia sus criaturas
entre las cuales, el ser humano ocupa un lugar de predileccin. Los
autores bblicos para hablar de esta experiencia recurren a las ms
diversas metforas, una de las ms bella es nuestra imagen grabada en las
palmas de nuestro Dios y no solamente de manera individual sino como
colectivo que habita una ciudad, un pueblo, un territorio (cf. Is 49,16).
Todo esto nos invita a mirar a cada persona en su integridad y durante
toda su vida para crear una cultura del cuidado mutuo. La esperanza
cristiana se hace visible cuando nadie se siente descartado ni intil,
cuando la comunidad acompaa las fragilidades y sostiene la dignidad en
todas las etapas de la vida permitiendo que la proteccin social refleje el
rostro compasivo de Dios, que escucha el clamor del pobre (Sal 34,7).
La proteccin social abarca todas las dimensiones ya mencionadas
y, el sistema de medidas es el encargado de hacer cumplir su objetivo.
De este modo, visibiliza el Bien Comn de manera contundente. Y
recuerda que la proteccin social no es caridad del Estado, es justicia
social y concrecin del Bien Comn. Por eso, un pas con tan fuerte
tradicin de solidaridad no puede aceptar que apenas el 28,6 % de la
poblacin tenga seguro mdico, que el trabajo sea en ms de 60 %
informal10, que las mujeres y los jvenes sean los ms desprotegidos, que
miles de nios y adolescentes estn fuera de la escuela y que tantas
familias deban endeudarse para tratar una enfermedad.
En Paraguay se han dado pasos para garantizar la dignidad de las
personas (Pensin del adulto mayor, Hambre cero en las escuelas, Mesas
de proteccin social), pero falta extensin, integracin y continuidad.

10 Instituto Nacional de Estadstica (INE). (2024)

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Hay muchos programas, pero dispersos; cambian las prioridades con
cada gobierno, hay clientelismo, hay falta de rectora fuerte. Todo esto
genera exclusin de las personas ms carenciadas y necesitadas.
7.2. Pistas de accin
Procurar que las dicesis, las parroquias y las instituciones eclesiales
puedan garantizar la proteccin y la dignidad de sus trabajadores.
Debemos ser coherentes: incluso en la pobreza, asegurar condiciones de
proteccin.
Proponer un sistema nacional de proteccin social integrado que articule
salud, educacin, empleo y cuidados con atencin descentralizada en
todo el territorio.
Extender para todos los servicios bsicos y proteger a las familias del
endeudamiento por motivos de salud.
Fortalecer las unidades de salud familiar como primer nivel de atencin
y prevencin.
Generar datos pblicos, auditoras y rendicin de cuentas para evitar uso
indebido de los programas sociales.
Priorizar a la juventud con educacin, formacin para el trabajo,
prevencin de adicciones; apoyar a las madres adolescentes y facilitar el
acceso real a la salud sexual y reproductiva (conforme con la enseanza
de la Iglesia).
Fortalecer una pastoral social articulada, que acompae las polticas
pblicas, denuncie las exclusiones y fomente comunidades donde cada
persona sepa que su vida vale y tiene futuro.
8. Dos temas transversales: corrupcin y participacin
La corrupcin es peor que el pecado, porque yo puedo pecar, resbalo,
soy infiel a Dios, pero luego intento no hacerlo ms o ponerme a bien con
el Seor o al menos s que no est bien. En cambio la corrupcin es
cuando el pecado entra, entra, entra, entra en tu conciencia y no te deja
lugar ni siquiera para el aire, todo se convierte en pecado: esto es
corrupcin (Papa Francisco)11
.

11 https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2017/documents/papa-
francesco-cotidie_20170403_corrupcion-misericordia.html

17

8.1. La corrupcin, negacin prctica del bien comn
Desde la fe, debemos decir sin ambigedad: la corrupcin es
pecado grave porque viola la justicia social, roba a los pobres y desprecia
la verdad. No es un mal necesario, no es as noms, no es se roba,
pero se hace: es un atentado directo al Bien Comn y, por tanto, una
ofensa a Dios. El Papa Francisco nos ense con rotundidad y firmeza
que la corrupcin es peor que el pecado.
Lastimosamente, Paraguay figura entre los pases ms corruptos de
la regin en los ltimos aos. Esto no es solo un dato: significa dinero
que no llega a los hospitales, a las escuelas, a las comunidades indgenas,
a la seguridad ciudadana, representa funcionarios nombrados por
padrinazgo, licitaciones amaadas, simboliza justicia sometida y
narcotrfico infiltrado en la poltica.
Dicho de otra manera, la corrupcin desva recursos que pertenecen
a todos, rompe la confianza en las instituciones, alimenta el cinismo
(todos roban), abre la puerta a los populismos autoritarios (yo s voy
a poner orden), secuestra el Estado para grupos mafiosos o ligados al
crimen organizado, profundiza la desigualdad, porque el que no tiene
plata para el gestor, no accede. Y un sinfn de listas ms...Por eso,
quienes ms poder y recursos tienen polticos, empresarios, altos
funcionarios tienen ms responsabilidad moral: a ellos les toca cortar
el circuito y dar ejemplo. Esto no significa que la ciudadana no participe
de esta cadena de corrupcin. Por ltimo, hay que recordar que la Iglesia
no condena la riqueza, pero s condena el uso egosta o corrupto de la
riqueza.
8.2. La participacin, remedio y camino
Frente a esta enfermedad, Dios nos ofrece un remedio: la
participacin organizada de la ciudadana. Cuando el pueblo se organiza,
se informa, controla, pregunta, vota con conciencia, exige rendicin de
cuentas y apoya a los honestos, la corrupcin pierde terreno. Cuando la
gente se desentiende (no es conmigo, todos son iguales, no sirve de
nada), la corrupcin se instala como cultura.
Nos sentimos urgidos recordar que la participacin no es soo ir a
votar cada cinco aos, sino significa participar en el consejo escolar,
formar parte de la comisin vecinal que cuida la plaza, ir a la audiencia

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pblica, exigir al municipio para que publique sus gastos, apoyar a las
organizaciones civiles cuando son atacadas, defender a periodistas y
comunicadores que investigan, promover en las parroquias escuelas de
ciudadana y de control social.
Tampoco debemos olvidar que la participacin, tambin, es
espiritual: rezar por los gobernantes, discernir juntos, practicar la
conversacin en el Espritu, educar la conciencia para no dejarse comprar
ni manipular. La fe cristiana nos ensea que no basta indignarse: hay que
implicarse. En fin, la Iglesia puede y debe ser escuela de participacin:
un espacio donde fieles y ministros aprenden a escuchar, dialogar, decidir
y servir. All donde la Iglesia promueve procesos sinodales autnticos,
aporta en la lucha contra la corrupcin.
8.3. Pistas de accin conjuntas
Tolerancia cero a la corrupcin en nuestras dicesis, parroquias,
movimientos, colegios, universidades, fundaciones. Si pedimos al Estado
transparencia, debemos dar ejemplo.
Apoyar marcos legales y reformas institucionales que fortalezcan la
Contralora, las unidades anticorrupcin, el acceso pblico a la
informacin, la proteccin a denunciantes.
Formar en tica pblica a funcionarios y jvenes para que sepan
identificar las formas sutiles de corrupcin (uso de vehculos del Estado,
horas ctedra que no se cumplen, nepotismo, viticos indebidos, cuotas
polticas...).
Promover presupuestos participativos y control ciudadano de las obras
municipales y departamentales.
Bajar el umbral de la indiferencia ciudadana con campaas en medios,
redes y templos sobre la relacin directa entre corrupcin y pobreza.
Reforzar la cultura del Bien Comn en clave positiva: mostrar
experiencias donde la participacin logr cambios, para no caer en el
desencanto.
Acompaar espiritualmente a quienes deciden entrar en poltica o en la
funcin pblica para sostenerlos en la honestidad.

Promover en la Iglesia espacios sinodales que formen conciencia ciuda-
dana y animen a pasar del criticar al comprometerse.

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Unas palabras de despedida y de gratitud...
En esta carta pastoral no he pretendido ms que compartir con
ustedes unas reflexiones y animarlos a comprometerse socialmente y a
seguir dialogando, profundizando en el tema sea de manera personal
como comunitaria siendo Iglesia en salida. Les agradecemos por
habernos ledo y emprendido el camino de la reflexin conjunta.
Hemos visto a lo largo de la carta que el Bien Comn no es una
idea abstracta. Es la escuela que funciona, el hospital que atiende, el juez
que no se vende, la economa que da trabajo, el ambiente que no se
envenena, la pensin que llega al anciano, el joven que encuentra su lugar,
parroquias que viven en sinodalidad, pastores y catequistas acogedores y
empticos. Es, en definitiva, la vida de Jess prolongada en la vida del
pueblo. Por eso, queremos animar a todas las comunidades eclesiales, a
todos los miembros de la Iglesia, a las personas de buena voluntad y a
todos los responsables pblicos a participar de un pacto nacional por el
Bien Comn que ponga en el centro a los ms pobres, que sane nuestras
instituciones y que haga visible, en nuestra tierra paraguaya, el rostro de
un Dios que es Padre de todos y que no quiere que ninguno se pierda.
Denles ustedes de comer se puede leer tambin con un
significado eucarstico: dense ustedes mismos, con su propio tiempo, sus
propias energas y sus propios compromisos, como Jess en la Cruz y en
la Eucarista. Este don es el Bien Comn por excelencia, el compromiso
base fundamental de la comunin de los santos.
Que Mara, Madre de los pobres y nuestros santos
paraguayos San Roque Gonzlez de Santacruz y compaeros mrtires,
la Beata Mara Felicia de Jess Sacramentado, Chiquitunga intercedan
por nosotros para que seamos un pueblo alegre, solidario justo y fraterno.
Caacup, 8 de diciembre del 2025, Solemnidad de la Inmaculada
Concepcin, Tupasy Caacup.

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