Cada 5 de marzo se celebra a San Adrián, soldado romano que se convirtió al ver la fe de los cristianos
De acuerdo a la tradición, Adrián se enamoró de una joven cristiana de nombre Natalia, con quien contrajo matrimonio.
Perseguidor
San Adrián, cuyo nombre romano fue Adriano de Nicomedia, nació en Constantinopla (Imperio romano de Oriente) a finales del siglo III (ca. 278). Se cree que fue hijo del césar Marco Aurelio Probo y, como muchos jóvenes pertenecientes a la nobleza, integró el ejército imperial.
Adriano fue parte de la guardia del emperador Galerio y antes de su conversión había sido perseguidor de cristianos, primero bajo el mando de Maximiano y después bajo Galerio.
La sangre de los mártires
En una ocasión, en cumplimiento de su deber, Adriano presenció el juicio organizado contra un grupo de veintidós cristianos, finalmente condenados a ser torturados y ejecutados. La serenidad, la paz y el valor con los que estos hombres afrontaron el dolor y la muerte produjeron un impacto tremendo en su corazón. Tras aquella experiencia el joven soldado decidió convertirse al cristianismo. Bautizado, Adriano contrajo matrimonio con una joven de nombre Natalia, quien como él también alcanzaría la santidad.
Lo que vendría después fue un camino marcado por la práctica de la caridad y una experiencia de libertad que jamás pudo alcanzar ni con las riquezas o el honor que solían recibir los militares. Se sabe, no obstante, que aquellos dones y virtudes se perfeccionaron en la prueba: Adriano sería denunciado por su fe y sometido a terribles tormentos después de ser apresado junto a algunos compañeros, con los que se dirigía a Cesarea a anunciar a Cristo.
A Adriano le tocó comparecer ante el gobernador de Palestina, Firmiliano, quien lo mandó azotar con garfios de hierro para después arrojarlo a las fieras, claro está, por no haber aceptado la oferta de dejarlo en libertad si renegaba de su fe. Rechazado el indigno ofrecimiento, Adriano solo podía esperarle la muerte.
