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VARIEDADES 18 Octubre, 2022

131 años de la Gesta del 18 de octubre de 1891

El Partido Liberal combatió la inmoralidad administrativa y denunció principalmente a los culpables de la indiscriminada venta de tierras públicas, del descuido de la cuestión del Chaco y de los atropellos en las elecciones desde la prensa, el parlamento, en los mítines públicos y de todas las formas posibles. José de la Cruz Ayala y sus partidarios habían sido asaltados por milicianos colorados e
131 años de la Gesta del 18 de octubre de 1891
Foto: Gentileza / Archivo
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Este hecho convenció a los liberales de que tomar el poder por vía electoral era ingenuo, y decidieron tomar las armas para el efecto.

Cuando se cerraron las urnas a la oposición, cuando los mercaderes oficialistas hicieron oídos sordos al clamor popular, el Partido Liberal recurrió a la protesta armada, al derecho sagrado de Rebelión y de allí el movimiento reivindicatorio del 18 de octubre de 1891. Los liberales, que ya no soportaban lo que calificaron como “la tiranía”, se levantaron contra ella, figurando a la cabeza de los revolucionarios, sus principales jefes.

Del plan de derrocar al gobierno colorado de Juan Gualberto González. Para el efecto fue organizado un Comité Revolucionario, cuyo liderazgo fue confiado al referido Mayor Eduardo Vera, lugarteniente del Gral. José Eduvigis Díaz, héroe de la Batalla de Curupayty, de Corrales, Tuyutí, Acayuasá, Timbó, Isla Poí, Ytororó, Abaí y del abordaje de los acorazados brasileños en la guerra contra la Triple Alianza. Como Jefe Civil de la Revolución fue designado don Antonio Taboada y la Junta Ejecutiva estuvo constituida por el mayor Eduardo Vera, don Antonio Taboada, don Pedro P. Caballero y don Juan Bautista Rivarola.

Un Manifiesto divulgado ese día por el Centro Democrático explicó los motivos del alzamiento armado: “…Las Revoluciones son sagradas cuando ellas tienen por objeto restablecer el imperio del derecho vulnerado, recobrar el poder usurpado, reparar grandes injusticias o reivindicar la honra nacional ultrajada.

La Revolución que promovemos responde a esos fines…” Se contó para el golpe con el apoyo del propio administrador de Aduanas, don Juan Bautista Rivarola. Gracias a ello se habrían podido introducir al país armas y municiones.

Como era domingo, los soldados estarían de franco y se suponía que sería difícil organizarlos para repeler la intentona.

Dos cuarteles debían ser atacados simultáneamente: el de la Escolta Presidencial y el de Infantería. En uno de los sitios que debían ser atacados se hallaba el Regimiento de Artillería, con ocho cañones Krupp y cuatro ametralladoras.

Después de ser tomados los cuarteles, los revolucionarios intimarían la rendición a la Policía. El plan de la Revolución incluía la detención de los generales Bernardino Caballero y Patricio Escobar.

Una vez logrado el triunfo, asumiría el poder una Junta Revolucionaria hasta las elecciones para Presidente, Vicepresidente y miembros del Congreso. El Poder Judicial sería disuelto y reorganizado. El candidato a Presidente sería Don Antonio Taboada ya que el Mayor Eduardo Vera había rechazado la postulación. Según una publicación de la época, para la ejecución del golpe se organizaron siete grupos, cada uno con unos 25 a 30 hombres, con distintos puntos de concentración; el del Mayor Eduardo Vera, que tendría la responsabilidad principal, se reunió en la casa de don Pastor Cabañas Saguier, en el Paraguayo Independiente Nro. 48.

En el puerto, unos 70 a 80 hombres subieron a tres tranvías tirados por caballo que, por El Paraguayo Independiente, hacían trayecto hacía la Catedral, supuesto destino del grupo, que pretextaba dirigirse a un bautismo.

Al llegar a 14 de Mayo descendieron y alrededor de las 19:00 horas, se arrojaron sobre la guardia del cuartel de la Escolta Presidencial (en el local que sería después, durante décadas, sede de la Escuela Militar).

Durante la toma de la guardia del cuartel fueron muertos los coroneles Ángel Ozuna, comandante de la Escolta, Santos Miño, subcomandante, éste había recibido en la confusión, un certero balazo al corazón.

El triunfo parecía un hecho, pero en el interior del cuartel, las fuerzas gubernamentales reaccionaron con el concurso del Ministro de Guerra, general Juan Bautista Egusquiza, y lograron herir de muerte al mayor Eduardo Vera y al Diputado Juan Machain, quienes fallecieron horas después.

Entre los heridos figuraban Bartolomé Yegros, Vicente Espínola, Emilio Saguier, Nicolás Bragas (el famoso “Lampiño”) y muchos caudillos populares.

Poco después llegó al cuartel, don Antonio Taboada, intentando reemplazar al Mayor Eduardo Vera para proseguir la lucha.

Se mantuvo hasta cerca de la medianoche cerca de los corredores del cuartel, pero viendo que las fuerzas gubernamentales ya estaban bien organizadas, desistió de la idea.

Otro grupo revolucionario, comandado por don Pedro Pablo Caballero, llegó con cierto retraso por el lado de la barranca del río, detrás del viejo Cabildo, con el fin de tomar el cuartel de la Infantería.

Este ya se había puesto sobre las armas. En las primeras escaramuzas, el comandante del cuartel cayó fulminado de un balazo disparado por los insurgentes. Después de tres horas de denodada lucha, se impusieron los gubernamentales.

El Jefe de la Aduana, don Juan Bautista Rivarola, al mando de otro grupo, había ocupado la Capitanía General del Puerto, pero la abandonó más tarde por falta de apoyo, retirándose a bordo del buque “Teniente Herreros” que llegó hasta Formosa (Argentina).

El grupo al mando de Fabio Queirolo hostigó a la Policía desde los corredores del actual Palacio Legislativo, reteniéndola en su cuartel, para que el grupo de Pedro P. Caballero subiera por el barranco del río para atacar el cuartel de la Infantería.

El Gral. Bernardino Caballero que debía ser tomado prisionero en su casa, en la esquina de las actuales calles Coronel Bogado y México, por un grupo al mando del revolucionario coronel José del Carmen Pérez. Los rebeldes lograron entrar en la casa del general, pero fueron rechazados a tiros.

Ya muy avanzada la noche del domingo 18 de octubre, algunos insurgentes intentaron 656 veces compartido otros ataques. Pero el orden la restablecieron los gubernamentales que respondían al Presidente Juan Gualberto González, que sufrió una de la más dura prueba del que emergió airoso.

Al día siguiente, lunes 19 se decretó el Estado de Sitio en toda la República por treinta días y bajo esta disposición fueron detenidos más de 140 liberales.

Los miembros del Centro Democrático fueron apresados, entre ellos, Ignacio Ibarra, Manuel Irala, José Macias, José Urdapilleta, Fernando Saguier, Manuel I. Frutos, Francisco Guanes, Benigno Riquelme, Fernando Carreras, Víctor y Enrique Soler, Manuel Ávila y muchos más, a quienes por disposición expresa del Presidente Juan Gualberto González, se los trató con toda la consideración.

Pero en las campañas, las autoridades cometieron inauditas vejaciones en las familias liberales. Además, se comenzó a destituir a numerosos funcionarios públicos que habían tomado parte del abortado Golpe de Estado, entre ellos Antonio Taboada, miembro del Consejo Superior de Educación y Juan B. Rivarola, Administrador General de Aduanas, miembros del comité organizador del atraco, junto con Eduardo Vera y Pedro P. Caballero, que habían traicionado su compromiso de lealtad con el gobierno del que formaban parte y al que, por otro lado, habían contribuido a entronizar.

El Centro Democrático quedaba de esa forma derrotado por las armas, y sus dirigentes fueron presos y obligados a huir otros al extranjero. Pero el triunfo moral fue de los opositores, a tal punto que el episodio ocasionó una escisión en el partido de gobierno, formándose dos grupos: El Caballerista y el Egusquizista. El 18 de octubre de 1891 se constituyó en la llamada “utopía liberal”: Gobierno de las leyes, honestidad en el manejo de fondos públicos, concurso de los mejores para integrar los poderes del Estado, libertad política y económica, defensa del Chaco frente a las primeras incursiones bolivianas al territorio del Chaco y plena vigencia de los derechos del hombre y del ciudadano.

Si bien la rebelión del 18 de octubre no logró éxito en los hechos, sirvió de precedente para la Revolución de 1904, que elevó al Partido Liberal al gobierno, dando inicio así al período de gobernantes liberales, donde resaltaron las figuras de Cecilio Báez, Benigno Ferreira, Manuel Gondra, Eduardo Schaerer, Manuel Franco, Eligio Ayala, José P. Guggiari, Eusebio Ayala, Félix Paiva, entre otros. Feliz 131 aniversario, a todos los correligionarios de la República! Fuente: Artículo de Julio Sotelo, Academia Liberal de Historia.

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